La maldita escritura


 



“La pluma es más peligrosa que la espada”. Todos alguna vez la hemos escuchado, y ya sea que algunos le pusimos más atención que otros, lo cierto es que, la libre expresión de ideas sin control, es lo más peligroso que un gobierno, o régimen pueda tener. Todas las dictaduras cuando empiezan a reprimir y aislar a su población, siempre de las primeras cosas a las que ponen el ojo, son los libros. Ninguna dictadura, y eso se puede comprobar, deja libre rienda a las escrituras.

Si tiene alguna duda de esto, recuerde que el imperio ruso (los zares) cometió el error de no silenciar las ideas del comunismo a través de su territorio, y fue esto junto con otras muchas cosas más lo que puso fin a su estilo de vida. Pero así como la escritura, junto con sus ideas puede causar revueltas y guerras civiles, nos ha mostrado su capacidad de generar movimientos, religiones, culturas y todo tipo de fenómenos sociales. El humano es un animal social, y por lo tanto, su comunicación y sus expresiones son parte de su biología. La manera en como vemos, en cómo sentimos, lo que esperamos, en qué creer y en que no, la forma en cómo transmitimos las cosas. Y podría seguir esta lista hasta acabar las dos cuartillas que nos dejaron, pero, ni siquiera así, sería capaz de expresar lo profundo y vital que es el escribir para el hombre.

La escritura tiene tantas caras y, cada una de esas caras tiene una particularidades que sus usos son casi universales. Desde cosas simples como las recetas de nuestras abuelas, hasta las ideologías más trascendentales de nuestra historia. Así que, no se pregunten por qué en los países está mal visto leer unos libros u otros, porque seguramente, la política, los intereses, están poniendo sus delgadas y grises manos en pos a mantener su poder e ideología intacta.

El poder siempre va a estar buscando a la escritura, pues esta le da dos cosas que nada, ni siquiera en el sin fin de universos, va a poder encontrar, la primera, el tiempo. La certeza, de que aun si el hombre muere, las ciudades se quemen, o las memorias se olviden, el papel viejo con olor característico a tiempo y polvo, nos deja ver el sinfín de ideas que alguna persona tuvo en su mente.

La segunda, es la expuesta capacidad de seducir con palabras, tanto a las altas esferas, como a la plebe. Toda gran imagen, siempre se apoya en un libro, o libros que apoyen su forma de pensar, y si no los hay, los escribe, (vease el caso de Hitler, que incluso obligó a su población a tener su libro). Además esto es algo que solo puede lograr con las escritura, pues es un arte el poder hacer, que un diálogo, completamente artificial, sea entienda y se vea como un escrito natural.

Las redacciones y expresiones, muestran el trasfondo y nivel de pensamiento de aquel que las escribe. Nos explica de forma elegante y refinada, sus ideas y quimeras, a través del ejercicio constante de pensamiento y práctica. Es gracias a la escritura que podemos disfrutar de los bellos poemas del Corán, de las fantásticas historias del cristianismo, o los ejercicios metodológicos de grandes filósofos.

Incluso aun teniendo todo el tiempo del mundo, aunque practicaras todo tus días, jamás podrías acabar con toda la cantidad de palabras escritas acerca de cómo hacer un buen té a la hora del té. No obstante, y digo esto con pesar, la escritura no siempre va a ser ese sueño regalado por nuestras mentes a ellas mismas. El humano tiene el constante error de que todo aquello que le pueda dar dinero o poder, se vaya volviendo turbio y oscuro. Pero incluso, los libros, con los que se han hecho guerras, torturas, persecuciones, deben ser guardados. Porque, si bien nuestras cabezas tienen mucho potencial y capacidad, lo cierto es que no somos precisamente buenos a la hora de no olvidar las aberraciones que se han hecho en el nombre del poder.

Se puede colegir que, la escritura es un arma de doble filo. Sin embargo, sus usos son inagotables. Aunque esté influenciada por los intereses de las personas, y su usufructo se vuelva distorsionado, esta jamas va a ser, ni siquiera en su mayoría, del poder y ego del hombre. No necesita de protección, pues en su universo, aquellos quienes la usan para fines propios, se quedan cortos ante la vastedad del orbe de las letras.

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